Cory Doctorow, el conocido activista tecnológico que popularizó el término 'enshittification', ha vuelto a generar debate al calificar de 'absurda' la idea de que cada país necesite desarrollar su propia inteligencia artificial soberana. En un contexto donde el gobierno de Estados Unidos parece desmantelar sistemáticamente su liderazgo global, muchos analistas, como el escritor australiano John Quiggin, advierten del riesgo de depender de una potencia errática. Sin embargo, Doctorow sostiene que el pánico por la IA es un desvío de atención de las verdaderas vulnerabilidades digitales. Para él, apagar un chatbot de IA apenas tendría impacto económico, mientras que desactivar servicios como Office 365 o los tractores John Deere causaría un colapso inmediato. Esta perspectiva, aunque polémica, invita a repensar las prioridades tecnológicas de gobiernos y empresas.
Desde una óptica técnica y empresarial, el razonamiento de Doctorow cobra fuerza cuando se analiza el rendimiento real de la IA. Las grandes corporaciones han invertido miles de millones en modelos de lenguaje y centros de datos, pero los resultados financieros siguen siendo esquivos. En contraposición, los servicios cloud como AWS o Azure, las plataformas de Business Intelligence con Power BI y las soluciones de ciberseguridad son herramientas que ya generan valor medible. En Q2BSTUDIO, empresa especializada en desarrollo de software, observamos a diario cómo las compañías obtienen retornos concretos al adoptar aplicaciones a medida que optimizan procesos administrativos, telecomunicaciones y comercio electrónico. La IA puede ser un complemento interesante, pero no debería ser el eje de una estrategia de soberanía digital.
Doctorow también cuestiona la urgencia por crear una 'IA soberana' cuando la verdadera dependencia es mucho más profunda. Los países que no controlan su infraestructura cloud, sus sistemas de gestión empresarial o sus plataformas de datos quedan expuestos a decisiones unilaterales de gigantes tecnológicos estadounidenses. Para mitigar ese riesgo, la inversión debería centrarse en desarrollar alternativas locales para el software crítico. En este sentido, desde Q2BSTUDIO impulsamos la creación de automatización de procesos y agentes de IA que se integran de forma segura en entornos cloud, pero siempre como parte de un ecosistema más amplio que prioriza la resiliencia y la eficiencia. La soberanía digital real no se consigue con modelos lingüísticos extravagantes, sino con control sobre los datos y las aplicaciones que mueven la economía.
Otro aspecto clave es la ciberseguridad. Mientras los gobiernos discuten sobre la regulación de la IA, los ataques a infraestructuras críticas siguen aumentando. Proteger bases de datos, garantizar la integridad de las comunicaciones y auditar sistemas son tareas urgentes que requieren soluciones a medida. Por ejemplo, en Q2BSTUDIO ofrecemos servicios de ciberseguridad y pentesting que permiten a las organizaciones blindar sus activos digitales. La IA, correctamente empleada, puede ayudar a detectar patrones anómalos, pero sin una base sólida de seguridad y gobernanza de datos, cualquier avance en inteligencia artificial se convierte en un riesgo adicional.
En conclusión, la postura de Cory Doctorow nos recuerda que el hype tecnológico a menudo desvía recursos y atención de problemas reales. Los países que aspiren a una verdadera autonomía digital deberían empezar por asegurar su infraestructura básica: cloud soberano, aplicaciones a medida, ciberseguridad robusta y análisis de datos con herramientas como Power BI. La IA puede ser una capa valiosa, pero no es la panacea. Como bien apunta Doctorow, la prioridad es no poner el carro delante del caballo. En Q2BSTUDIO trabajamos cada día para ayudar a empresas e instituciones a construir esa base sólida, con tecnologías probadas y un enfoque pragmático.





